sábado, 25 de febrero de 2012

Diálogo con Jacqueline Goldberg sobre Historia privada de un etcétera en El Papel Literario

La poeta Jacqueline Goldberg conversó conmigo vía chat sobre Historia privada de un etcétera. Con gran alegría y agradecimiento comparto con ustedes el registro de nuestro diálogo publicado hoy en El papel literario del diario El Nacional.





Historia privada de un etcétera
Jacqueline Goldberg
El papel literario de El Nacional 
25 de febrero de 2012

“Una palabra nueva es como una semilla fresca que se arroja al terreno de la discusión”, escribió Ludwig Wittgenstein, ignorante de cuánta novedad habría de vertirse en el lenguaje más allá de sus filosóficos juegos. La poesía en conjunción con la tecnología es una semilla de la que mucho se ha discutido pero que sólo recientemente comienza a abandonar los fingimientos. Historia privada de un etcétera, segundo libro de Natasha Tiniacos —aparecido bajo el sello La Cámara Escrita en su Colección 5 en 5— se arroja como “semilla fresca” al terreno de una poesía venezolana quizá demasiado temerosa a las fracturas y los metadiscursos.

El libro de Tiniacos nos reitera que no somos los mismos de hace una década, que quienes son muy jóvenes hoy —como la propia escritora, nacida en Maracaibo en 1981—  asumen que realidad, lenguaje y virtualidad conviven sin grietas, siendo lógico que se deslicen hacia la escritura. “Los hijos del desarraigo/ nacimos/ con lágrimas en los pies/ y nuestro método de supervivencia es el futuro”, escribe la autora.

El de Tiniacos no es un poemario impregnado de los ripios que argumentan la inmediatez o el teclado. Hay allí una poesía visceral y femenina, que alude a humanísimos tópicos, pero profundamente tamizada por lecturas, reflexión y una palabra mordaz, depurada, esculpida en reposo.

“Ninguna realidad es insignificante,/ hemos presionado el pedal del instante/ sujetando el tiempo fugitivo”, apunta Tiniacos en el poema-portal del libro. Por eso antes que intentar maromas críticas fue mejor chatear con ella, dar riendas —aún sin distancias ni cambios horarios— a los vericuetos de la pantalla una reciente tarde de enero.

JG: ¿Crees en los géneros literarios?
Enviado a la(s) 16:12 del miércoles

NT: Sí, del género me interesa transgredirlo, mezclarlo, apropiarme del registro periodístico, por ejemplo, y usarlo en un poema. La exploración con el lenguaje debe rebasar todo género, agotar sus límites. Aunque este interés es nuevo en mi búsqueda, no deseo tener estilo sino vivir una suerte de constante vértigo en las capacidades expresivas.
Enviado a la(s) 16:18 del miércoles

JG: Hay en tu libro un poema que se lee en el envés de la página, palabras tachadas, vocablos en inglés, noticias de Harper’s Magazine, un grafiti, tags de Twitter, referencias a asuntos ambientales, nutricionales, a un cajero automático, a la cuenta de teléfono, a una terapia de pareja. No había tantos elementos lúdicos en tu primer libro… ¿Qué ocurrió en tu proceso escritural?
Enviado a la(s) 16:19 del miércoles

NT: Me mudé al extranjero y se me pegaron muchas cosas en las manos, en los ojos, en los oídos, al tiempo que tanteaba esos poemas en soledad. Como modo de supervivencia me hospedé en la poesía norteamericana actual y traté de contagiarme de sus riesgos con una postura infantil para el asombro. Entonces me tropecé con Anne Carson y Terrance Hayes con muchas ganas de apropiación. Además, cuando supe que el libro lo diseñaría Álvaro Sotillo supe que podría experimentar con el poema como objeto visual. Esos elementos lúdicos son un intento de miniaturista, de reinvindicar lo antiheróico, el error y la saturación de nuestros días. Intento escribir sin miedo.
Enviado a la(s) 16:31 del miércoles

JG: Demuestras que el mundo real cabe todo en la poesía, incluso hay un texto titulado “Poema para ser leído en una falla eléctrica”, tema que nos es tan cercano en Venezuela.
Enviado a la(s) 16:33 del miércoles

NT: John Grierson describe el documental cinematográfico como el tratamiento creador de la actualidad. Esto puede decirse igualmente de la poesía, hablemos de los tiempos que hablemos, de cualquier historia o cualquiera de nuestras diminutas tiranías. Hablar del mundo real es asunto de libertades, es un no temer a la aparente superficialidad de las imágenes. El seno de nuestro ahora puede decirse. Es nuestra agitación.
Enviado a la(s) 16:41 del miércoles

JG: Tu libro es la libertad, pero acotada, pasada por el alambique de la tradición, por muchas lecturas, una licenciatura en Letras en la Universidad del Zulia y un postgrado en Literatura Hispanoamericana y Comparada en la Universidad de Carolina del Sur. Nada queda al azar...
Enviado a la(s) 16:44 del miércoles

NT: Obedecí a Mary Oliver quien dice que la lectura debe ser el taller literario. Su libertad, sí, es acotada y medida porque esas lecturas, desde su altar secreto, quedan como voces latentes en una especie de esquizofrenia y desmayo sin dejar de responder a una punzante necesidad de transgredir.
Enviado a la(s) 17:02 del miércoles

JG: ¿Se confunden piel y pantalla, como insinúa el primer poema del libro?
Enviado a la(s) 17:03 del miércoles

NT: Vivimos una época en la que está el ausente y, a pesar de todos los kilómetros, es inmediato. Es el tiempo del ahora en esta crisis de afectos. Estamos amando a través de la pantalla, desdibujando los límites entre la realidad física y metafísica. Este fenómeno modifica la forma en que nos comunicamos y sentimos. La poesía no puede ignorarlo.
Enviado a la(s) 17:10 del miércoles

JG: ¿Esa pantalla del televisor, la computadora y el teléfono, las redes sociales, los correos electrónicos y este Chat por el que nos comunicamos ahora mismo, cómo están cambiando los temas y la forma de escribir y recibir la poesía?
Enviado a la(s) 17:13 del miércoles

NT: Es nuestro entorno y la realidad relevante a nuestro tiempo. La urgencia y la inmediatez se filtran incluso en la forma que escribimos con nuevos vocablos y órdenes y rupturas sintácticas. Trae consigo la abreviación y la experiencia del límite, universal y antigua. Esto me interesa porque remueve los pisos del lenguaje.
Enviado a la(s) 17:26 del miércoles

JG: Hay gente que tan solo escribe desde un blog, para su estado de Facebook o en los 140 caracteres de un tweet. ¿Cómo emanaron los textos de este libro?
Enviado a la(s) 17:27 del miércoles

NT: Llevo un blog pero lo he dejado como escaparate expresivo y anecdotario, un cuaderno de apuntes. He intentado proteger mis poemas de la fugacidad que lo caracteriza, unos pocos se habrán asomado alguna vez pero han sido escritos pensados para el papel. Hay algo de ceremonial en eso. En Facebook no he publicado nada por la misma razón, aunque el poema "Veinte estados imaginarios en Facebook" salude tal experiencia. Creo que alguien puso una cosa muy bella y me lo adueñé para un verso, otro ejercicio de apropiación.
Enviado a la(s) 17:32 del miércoles

JG: Hablas mucho de apropiación... ¿Se trata de un robo a teclado armado?
Enviado a la(s) 17:33 del miércoles

NT: Prometo que es con carácter devolutivo. Algo como un secuestro express verbal.
Enviado a la(s) 17:34 del miércoles

JG: Un etcétera según el DRAE se utiliza “para sustituir el resto de una exposición o enumeración que se sobreentiende o que no interesa expresar”. ¿Cuál es ese etcétera que Natasha Tiniacos no nos deja ver?
Enviado a la(s) 17:37 del miércoles

NT: Etcétera es la palabra para imaginar lo limitado, lo humilde, lo diminuto, lo absurdo, lo que damos por sentado. Es el dulce etcétera de ee.cummings o George Perec, es enumerar que ya es mañana, entregarse al lento vértigo de hoy. Etcétera es lo que Hansel y Gretel dejaron como migajas de pan en el camino para volver a casa. El mío viene de todo eso y de todo lo que me ha leído y vivido. Etcétera es una reconciliación con el asombro.

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