sábado, 7 de enero de 2012

Entrevista a Terrance Hayes y tres poemas traducidos

Esta entrevista fue originalmente publicada en la revista Quimera, en enero de 2012. Igualmente los poemas de Hayes traducidos al castellano, pero ahora publicados en una nueva versión corregida junto a Luis Miguel Isava. 
 

Cuando quise contactar a Terrance Hayes recibí una respuesta automatizada de su correo, una línea sucinta que me hacía saber que estaba de vacaciones. Insistí una segunda vez y me dijo que mi petición de entrevista se había extraviado en su buzón. Recién había llegado de Brujas. Por un momento habitamos el mismo continente, pero ya estábamos conectados. Concertamos un encuentro vía Skype desdibujando husos de horario y latitudes entre Pittsburg y Barcelona. La fotógrafa Lisbeth Salas lo retrató a través de la pantalla. Los tres nos vimos y no nos vimos, coincidimos en la transitoriedad, en un no-lugar, como diría Marc Augé. No puedo describir con precisión dónde nos dimos cita. Noté en una imagen a veces nítida y a veces “pixelada” que me hablaba desde su despacho de la universidad. Una ventana frente a su escritorio. Libros y discos en orden. Afiches de Penguin Books y otro de García Márquez. Adivinaba poemas por corregir en su mesa y un par de sillas para escuchar los tanteos de sus alumnos. Él se movía con la computadora portátil en la mano a la caza de una mejor conexión inalámbrica como bailando con la luz.
Terrance Hayes nació en Columbia, Carolina del Sur, el 18 de noviembre de 1971. Se educó en su estado natal así como en Pensilvania. Es profesor de escritura creativa en Carnegie Mellon University. Su más reciente colección de poemas, Lighthead (Penguin 2010) recibió el prestigioso National Book Award el año pasado.  Es autor de Wind in a Box (2006), Hip Logic (2002), con el cual obtuvo el premio National Poetry Series y Muscular Music (1999), ganador del premio Kate Tufts Discovery Award. Hayes, quien además es un diestro jugador de baloncesto, se perfila gracias a su vertiginoso “antiestilo” como uno de los más resaltantes exponentes de la nueva poesía norteamericana.

Natasha Tiniacos: ¿Cómo empezaste a escribir poesía?
Terrance Hayes: Empecé a escribir poemas como lo hace la mayoría de la gente joven.  Los escribía para chicas que me atraían y para mí mismo. No conocía a alguien que pudiera vivir de la poesía. Yo todavía no me gano la vida como poeta. Enseño pero la poesía es lo que me mantiene vivo.
NT: Naciste y te criaste en el Sur de los Estados Unidos. ¿Cómo ha formado eso tu escritura?
TH: Por muchos años no me forcé a escribir sobre el Sur. Mi familia se mudó alrededor muchas veces cuando crecí, así que no me había considerado arraigado a ningún lugar. En mi tercer libro, Wind in a Box, quise hace un esfuerzo para pensar en mi relación con el Sur: el paisaje, la gente, el lenguaje y la cultura. Esa exploración continuó en Lighthead. Todavía estoy pensando en el Sur, lo que quiere decir que todavía está formando mi escritura.
NT: Como lectora, puedo decir que tu poesía trasciende la estructura. ¿Cómo definirías tu estilo?
TH: Me gusta decir que mi estilo es resistir el estilo. Trato de mantenerme abierto a todas las formas e ideas poéticas. Pienso que el “estilo” es un producto del consumismo. El estilo le asegura a los consumidores obtener lo que ellos esperan. Eso es bueno para el negocio, pero no es bueno para el arte y los artistas. El experimento y el riesgo son antiéticos al estilo y la consistencia. Intento ir más allá del estilo hacia el descubrimiento.
NT: Ezra Pound alguna vez dijo: “Creo en la técnica como una prueba de la sinceridad del hombre”.
TH: Creo que la sinceridad es una dimensión de la técnica.
NT: En cuanto a temas, ¿podemos hablar de obsesiones?
TH: La música, la gente, la imaginación –estos son tanto temas como obsesiones. Vivo en la música, pienso constantemente en la gente- física y metafísicamente. Mi imaginación es la madre de todas mis obsesiones. 
NT: Cuéntame algo sobre tus lecturas. He visto la presencia de algunos escritores hispanoamericanos en tus poemas, como Borges y Lorca. ¿Qué te conecta a ellos? ¿Hay otros?
TH: Leo más de lo que escribo. Borges dice en The Craft of the Verse que está mucho más orgulloso de la cantidad de libros que ha leído que la cantidad de libros que ha escrito. Me siento igual. Leo aproximadamente un libro de poemas a la semana. Las novelas son un reto más grande debido a mi horario, pero este verano leí un montón de novelas y novelas cortas de Roberto Bolaño.  Los detectives salvajes es estupenda. Estrella distante. Soy admirador de Clarise Lispector y, por supuesto, de Gabriel García Márquez. Este verano también leí Pálido fuego de Vladimir Nabokov y los libros de W.G. Sebald: Vértigo y Austerlitz. Leí muchos libros de poemas. Far District de Ishion Hutchinson y Temper de Beth Bachman encabezaron la lista.
NT: ¿Cuáles son tus lecturas constantes, voces recurrentes que podemos llamar acompañantes de tu oficio?
TH: Mis lecturas constantes incluyen el trabajo de Sylvia Plath, Yusef Komunyakaa, Robert Hayden, Larry Levis. Mi música constante incluye Burial, Cinematic Orchestra, Marvin Gaye, Miles Davis, Biggie Smalls…
NT: Cuéntame un poco sobre tu proceso creativo.
TH: Escribo en la noche cuando todos en mi casa están dormidos. Puedo trabajar hasta tarde siempre que tenga mis 15 o 20 minutos de descanso en la tarde. Mi siesta.
NT: ¿Qué hay en tu escritorio en este momento?
TH: Tabaco, cuadernos, discos compactos vírgenes, bolígrafos, lápices. The Dead Lecturer de Leroi Jones, Actual Air de David Berman, Consider de Lobster de David Foster Wallace. Había otros libros, pero limpié mi escritorio el fin de semana pasado.
NT: Ha sido un poco difícil traducir la palabra “Lighthead” porque la lengua española no tiene una equivalente. Se presenta para nosotros como el primer poema del libro. ¿Puedes describir un poco el vocablo para nosotros?
TH: Significa estar mareado –así como después de dar vueltas en círculos. También es estar iluminado como si un halo flotara sobre la cabeza. También es estar ardiendo de deseo. O linchado. Una cabeza en fuego.
NT: Yusef Komunyakaa resuena en tu poesía.
TH: Sí, ha sido una guía poética por mucho tiempo, un mentor y amigo.

NT: Cuando leo tus poemas algunas veces siento que escucho blues, jazz, e incluso un beatbox. Uno de tus poemas está titulado como una canción de David Bowie (“God is an American”). Cuéntame sobre tu relación con la música.
TH: Respiro música. Como y duermo música. Es el arte supremo.
NT: ¿Qué es lo que llamas “estética esquizofrénica”?
TH: Quiere decir que trato de habitar múltiples, simultáneos enfoques de creatividad. Me gustan los accidentes creativos que causan el caos y la multiplicidad.
A continuación, una mínima selección de Lighthead y Wind in a Box. Poemas traducidos por primera vez al español. Esta es una versión corregida junto a Luis Miguel Isava.




God is an American

Todavía amo las palabras. Cuando hacemos el amor en la mañana,
tu piel todavía húmeda por la ducha, el día se calma.
Shadenfreude tal vez sea la mejor manera de nombrar el recubrimiento
de la adultez, el polvo de azúcar sobre una camisa negra. Estoy

solo ahora en el último piso jalado por la obsesión, la tinta
en mis dedos. Y a veces es un nombre difícil.
A veces es como el mundo antes de América, el paren-
tesco de tontos y cazadores, los niños, los sueños

de madres sin estilo. Una palabra puede ser la huella de una bota
en un cuadrado de cemento fresco y el lustre de la mañana.
Tu respuesta a mi beso es Tengo una caries. Estoy
enamorado de lo incompleto. Estoy aferrado a tus dársenas.

Sí, tengo una buena idea de lo que es la belleza. Sobrevive,
en efecto. Duele como un libro abierto. Hace difícil vivir.


Guía del mareado a la galaxia

Damas y caballeros, fantasmas y niños del estado,
estoy aquí porque nunca he podido agarrarle el truco al Tiempo.
Esta hora, por ejemplo, sería como todas las otras
si no fuera por la lluvia que cae a través del techo.
Mejor es que no sea muy explícito. Mi noche es indiferente
consigo misma, problemática como una mujer sin sostén
en el invierno. Creo que todo es una metáfora del sexo.
Hacer el amor imita el acto de partida, la luz de la luna
gotea desde las hojas. Puedes pasarte toda la vida
nada más preparándote para la vida y pensando,
“¿esto es todo lo que hay?” Por eso estoy aquí donde los poetas vienen
a beber un fuerte veneno oscuro con diminutos trozos de hielo,
algo para soltar mi lengua de primate y sus sílabas
de escombros. Sé que todas las palabras vienen de palabras preexistentes
y se dividen hasta que nuestros pronunciamientos desarrollen yoes.
El pequeño perro ladrándole a  lal  la oscuridad tiene algo que decir
sobre la forma en que vivimos. Prefiero tener lo que mi papi llama
“camarón”. Él dice “discreta” y se refiere a la calle
que precisamente no alcanza la vista. No lo que ves, sino lo que percibes:
eso es poesía. No el ruido, sino su ritmo; un arreglo
de desarreglos. Te comeré para vivir: eso es poesía.
Me gustaría resplandecer coccomomo una morena embarazada.
Me gustaría poder llorar como mi maestro mientras nos leía
el soliloquio del sí de Molly Bloom. Cuando beso a mi mujer,
a veces saboreo su cautela. Pero no hablemos de eso.
Tal vez el único propósito del Arte sea preservar el Yo.
A veces jujuju juego a que mi nave primitiva dispara
sobre una nave espacial alienígena cuya objetivo es la destrucción
de la tierra. Otras veces me enamoro de una palabra
como lo sombrío. O la luz de la luna exprimiendo ramas desnudas.
Todas las especies tienen una noción de vacío y sin embargo
las flores no dejan de abrirse. Llevo conmigo el quejido
que puedes escuchar cuando la boca colapsó, la sabiduría
de los monos. Pregúntale a un vaso de agua por qué siente piedad
por la lluvia. Pregúntale al alocado perro del patio por qué tolera la correa.
Hermanas y hermanos, cuando pasen sus noches
exponiéndose, hay una probabilidad de que caigan en su sueño.


Viento en una caja
-según Lorca

Quiero siempre dormir bajo una cobija –roja y brillante–
de hojas. No quiero nunca vestir un abrigo de hielo.
Quiero aprender a caminar sin pestañear.

Quiero sobrevivir la tortuga y el padre de la tortuga,
la piedra. Quiero una boca llena de permisos

y un capullo rosado refulgente. Si la flor silvestre y el hormiguero
pueden volver después de dormir cada estación, quiero salir
de esta casa vistiendo nada más que viento.

Quiero recibirte, quiero esperar el bus contigo
pesando menos que un escalofrío. Quiero combatir los rayos

de gris que iluminan los nichos y los senderos sinuosos
de tu pelo. Quiero combatir los codazos húmedos
de la nieve. Quiero combatir el viento.

Quiero ser el viento y quiero combatir el viento
con su caída pancarta de aislamiento, sus batientes

puertas mosquiteras, sus cajas doradas y panfletos de ruido
cuidadosamente doblados. Quiero combatir las aburridas líneas rectas
de dos por cuatro y los desenlaces, tus desaprobaciones,

tus dudas y reglamentos, tus copias al carbón.
Si la langosta puede abandonar su traje,

quiero un nombre completamente nuevo. Quiero la furia de la pimienta
y la ternura de la sal. Quiero la virtud
de la lluvia nocturna, pero no sus habladurías.

Quiero la intuición de la luna, pero no sus preguntas.
No quiero la malicia de la nada en la tierra. Quiero entrar

en cada habitación de una extraña ciudad electrizada
y encontrarte ahí. Quiero tus labios alrededor de la campana de carne

en la parte inferior de mi oreja. Quiero ser el espejo,
pero no la mesa de noche. No quiero ser el encendedor de luz.
No quiero ser la fotografía amarilla

o el libro de poemas. Cuando abandone este cuerpo, Mujer,
quiero ser llama pura. Quiero ser tu canción.

3 comentarios:

Asterión dijo...

Gracias por presentarnos a este autor. Me han gustado mucho sus poemas.

Saludos

Patricia dijo...

Enhorabuena, Natasha, por esta estupenda entrevista y la sensible traducción de los poemas de Hayes. ¡Una delicia!

Tarántula dijo...

supongo ha sido un reto traducirlo. Me fascina cómo pueden los traductores meter a las palabras en otro contenedor, esculpir el contenedor, darle lustre. Es más difícil de lo que parece.

La crónica está regia y había leído algún poema del autor, en inglés, me había gustado.