sábado, 14 de mayo de 2011

Nawlins, good-bye

Bar de Jazz Three Muses, Frenchmen Street. Ser un inmigrante legal no es fácil, antes de seguir tus pasos, sigues las leyes del país del autoexilio. Mudarse es cambiar de piel, dice Morábito. Me aferro a una cita de Don Quijote: "Todas las cosas, especialmente las de la guerra, están sujetas a continua mudanza". Seguir adelante, la vida es muy corta. Me esperan otros sonidos, otras arritmias. Ciertamente extrañaré los vientos metálicos de Nueva Orleáns.



Banksy en el barrio The Marigny. El trauma de "La Tormenta", como suelen referirse a Katrina, está latente. Cada vez que llueve la gente tiembla por sus cosas y sobre todo por el temor de perder las nuevas memorias. La vida queda, pero arrasa con la cotidianidad (la lluvia fúrica, en caso tal, que vuelva). Se me ha pegado acá el amor por los días secos.


Café du Monde en el barrio francés. Una tuba se gana la vida soplando el azúcar de los beignettes. Él respira y canta con el desespero por el pan de cada día. Tienes la libertad de ser o no conmovido por un sonido tan obediente a su ciudad, ése que pide la limosna de tu oído. Ay, Nawlins, voy a extrañar tu urgencia.

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