lunes, 18 de abril de 2011

Dérive


Guy Debord propuso la teoría Dérive (literalmente: "a la deriva") como una de las prácticas más relevantes del situacionismo francés. Es una técnica de travesía rápida a través de diferentes ambientes. Requiere un comportamiento lúdico y constructivo y sensibilidad a los efectos psicogeográficos, siendo por lo tanto muy diferente a la noción común de paseo o caminata.

Quien practique la dérive abandona el trabajo, la rutina, sus relaciones, sus quehaceres y los motivos comunes por los que se lanza al movimiento del tránsito. Se deja cautivar por las atracciones del terreno y lo que encuentre en él. El azar tiene poco que ver, pues el situacionismo advierte que una ciudad está construida con un torrente planificado y específico con sus calles ciegas y encrucijadas. 

Me interesa la naturaleza contradictoria de la dérive, esa mezcla entre el dejarse llevar por los espacios, la planificación y la conciencia de los factores psicogeográficos.

Guy Debord hereda el concepto de flâneur presente en la poesía de Charles Baudelaire. Walter Benjamin lo detecta en referencia al hombre despierto a su entorno urbanístico. Flâneur es el poeta en tránsito, el errante. En este caso el hombre paseante obedece a los desarrollos técnicos originados en Londres y en París a mitad del siglo XIX. Las ciudades permitían al hombre el reconocimiento de su circunstancia urbana y el ejercicio del ojo en ella.

Contradiciendo a Poe que aseguraba que el hombre se inmiscuía a la masa para extraviarse, Baudelaire se interesa en la necesidad del hombre moderno de adentrarse a su multitud y asir lo novedoso de su tiempo. Aquí podemos leer el rizoma de la deriva del situacionismo internacional. Según el poeta francés, no sólo es una necesidad de combatir el ocio sino una suerte de ebriedad en la que prevalece la agudeza del ojo, don del poeta moderno:

No todo el mundo tiene el don de bañarse en la multitud.
Gozar de la muchedumbre es un arte y sólo puede entregarse a esa orgía de vitalidad, a costa del género humano, aquél a quien un hada infundió en la cuna, el gusto por el disfraz y la máscara, el odio al hogar y la pasión por los viajes.
Multitud, soledad: términos iguales e intercambiables
para el poeta activo y fecundo.
Quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo
en medio de una atareada multitud.
El poeta disfruta del incomparable privilegio
de poder ser, a su gusto, él mismo y otro.
Como esas almas errantes que buscan un cuerpo, entra, cuando quiere,
en la personalidad de cada cual. Sólo para él está todo vacante;
y si parece que ciertos lugares le están vedados, es porque a sus ojos
no merecen la pena visitarlos.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Feliz cumpleaños!! Que Dios y la Virgen la acompañen siempre en su camino y la iluminen cada día para que siga escribiendo lindos poemas y componiendo grandes canciones :) Reciba un abrazo de su fiel seguidora.
PD. Se que su cumple fue ayer, pero no pude comentar antes!

Mariana Ruiz.